domingo, 3 de abril de 2011

Así se sacuden

En lugar de eso, los cangrejos
no podían sino ver.
Iban escogiendo pasos al azar,
atentos al tedio

"Como todo el mundo me confundo
y me olvido qué venía a hacer
al almacen de esa cuadra
donde era ayer

el vivir"

En Ramos Mejía todo era ayer
y la fábrica de enfrente.

Las fotos descoloridas
se guardaban en tomos sarcófagos.

"No debieras olvidar:
hay montones de espacios
dañados, tan inertes,
que llevamos dentro
y a casa."

Felices subdesarrollos táctiles
en defensa del cero ser,
envidia de navegante lucero
(quemando el aire que lo acompaña,
mudando el tiempo disperso,
siempre, sin precedente).

Desde la ventana, pistas,
rodeadas de pastizales
humedos, atardecidos.
Más allá, el sueño de aviones,
esos con nubes y destinos.
Destinos. Destinos, destinos
algunos disueltos, ya se dicen dormidos
otros de existencia ideal,
otros fenecidos,
otros disolviéndose ante el suceso exacto
y tardío.

Profundo escondido, su noción
es ahora canción de difícil fonética,
independiente del frágilo alivio,
movimiento en tanto hartazgo funcional
tañido.

Y esas lejanas cosas,
suficientes como para desterrarlo todo,
con catársis de expectro
(severas, severo),
mientras los habitantes externos
deambulan en su sitio
susurrantes
abajo, en los pasillos,
- ahora galerías,
incluso en la distancia
donde se incendian sus voces
de avería.

Fugaces los nada,
salen a pasear, sin desquicio,
en reposeras móviles, tácticas,
distintas de diferia,
solo meras copias fácticas
de sí mismas:
de características fractálicas latentes.
Retráctiles así como bellas
mohosas,
de precipitada indeferencia.

Su peor super,
ingenio sin memoria,
reconstruyendo el recuerdo,
exprimiendo
arduas horas máquina
de piense erudito
y material abyecto.
De diagramas todos cíclicos.

"Así se sacuden de esos sueños", dijo.
mz

lunes, 6 de septiembre de 2010

Avizor

Este ojo avizor enorme, lleno de ceros y parajes tardíos.
Las nociones sobre lo básico del Febo.
Su pleno acervo crático,
despertado, pretérito,
moliente,
ensordeciendo a modo afónico las más malditas heces,
con un despliegue prismal en el que,
sorbiendo nichos,
me despliego
esporádico,
ausente,
solvente de mi propia cepa muerta de verles,
mordente de los pequeños salientes
estilos del sol, sal soliente;
así, noveno de los planetas,
se padecen estos fluidos inertes,
con los destellos apagados
de las cancerígenas mentes.

Nuevamente sigilo el cráneo
de los que apañan esas heces,
trepanado, trepanado,
impalpable, contingente.
Los entiendo como a los hongos,
plácidos, que se mecen
a sus muertas mareas
y a los desmudos ecos.

Entonces sobreviene:
el diseño del día,
el disgusto ajeno,
tarea autista,
se padece.

Lame la médula con pronta dislexia
pretendiendo de veras
una provocación al llanto
veraz, urgente,
sonando su sonaja
por los oscuros cerros,
buscando encallar pálido, ya lechoso,
en las mismas playas de su blabla, leche.

Entonces sobreviene:
el diseño del día,
el disgusto ajeno,
tarea autista,
se padece.
mz

martes, 26 de enero de 2010

Se destempla

Se destempla el aire
cuando esta manía, exacta,
se fuerza de tragedias.

No es así mi forma (lodo)
que se muge por las selvas;
la llevo a modo de perla
que finje siempre un poco.
mz

miércoles, 20 de mayo de 2009

Mamúes + Muy Dipalma

Volvemos los Mamúes, esta vez acompañando a los Muy Dipalma, ¿qué me contás?

martes, 14 de abril de 2009

Cartonero

La cara también de cartón
sucia, desfasada;
camino de resaca
desde "nunca" hacia "nada".

Hasta la cara descalza
con mugre y arruga,
estirpe de meo en la calle,
colchones viejos,
el cartonero.

Bebe vino como si bebiera de la zanja,
come estambres y las tuercas oxidadas.

Sus hijos son semen
sobre el cuerpo sin vida de un perro callejero
ahora hangar de las moscas.

Un corazón de camión de basura zumbando,
el cartonero.

¿Quién cartonea al cartonero?
Su cadáver
también puede viajar
en carros cualquiera
pestilente
sucia cosa
mendigando un consuelo
que pueda reciclarse.
mz

martes, 31 de marzo de 2009

Prótasis, prostasis, profeso

Apretado hasta en las mismas letras que no se abren
Deficiente, no, evitado de relax y teléfonos con cables de las venas

Tendrían que empezar a de

Calendas
Crío de riñas
Propios píos
Esfínteres, espinos
Prostasis estandarte
Mugido aíslo, trasmar

crío del crimen
cadáver diádico anestesiado
parangón, solado de sangre
tiernos gorgoteos
cetrinos
se le enervan
mz

lunes, 16 de febrero de 2009

La ciudad diferida

A veces me mesmerizo, me disterio, por más que no sepa qué significa eso, qué es lo que significan, esos vocablos vomitados. Serían como el pus dentro del grano, la pulpa podrida dentro de la fruta podrida. Sería los dientes sucios dentro de la boca que mastica polvo. Sería la imagen de Jesus ahogándose en un vaso de bebida efervescente. El hígado corazón.

Es que en estos tiempos, dentro de estas palabras, uno puede encontrarse caminando por cualquier lado, por todas partes, ser llevado de los pelos o de los brazos o de los labios por unas calles minúsculas, en donde la calle ya no es calle. La puerta de una casa se abre: un olor nauseabundo. Se abre y ya estamos en la casa de enfrente, lo que era antes la casa de enfrente (porque ahora está justo al lado, pegada). Gracias a este fenómeno es posible recorrer toda la ciudad por dentro de las casas, transitando a través de puertas que han sido dejadas abiertas, sin llave. Atravesando jardines, patios, saltando rejas, colándose por ventanas. Porque no hay calles, ya no las hay. Pero así también ya no hay otra cosa que ciudad, que casas, vecindades. Ya no se puede salir (¿y a dónde?), lo intenté demasiadas veces, colándome, escurriéndome, haciendo paradas en algunas casas para alimentarme, dormir (si eso que hice fue dormir, si recostarse en algún lado y cerrar los ojos es dormir, si soñar es pensar en uno como una botella leche en una heladera vieja), y seguir. El asombro transforma todo en sueño, y el sueño envuelve todo como una gran droga, un somnífero extraño, que llena todo el presente de futuro y pasado, más de la cuenta. Es como sentarse en un bote en la bahía y ver pasar en uno u otro sentido barcos de gran calado.

Pero no hay más barcos, porque no hay ríos, mares, lagos. Grandes sectores de la ciudad se encuentran deshabitados. Y en verdad, no sé cuáles de ellos no se encuentran así, es decir, en cuáles hay alguien, porque ahora que me doy cuenta, no recuerdo haber visto a nadie (aunque hasta hace un momento hubiera jurado que sí). No lo había pensado. Y no tengo ganas de seguir, porque tengo miedo de darme cuenta de que nunca he visto a nadie, y que por eso me mesmerizo, me disterio.
mz