martes, 26 de enero de 2010

Se destempla

Se destempla el aire
cuando esta manía, exacta,
se fuerza de tragedias.

No es así mi forma (lodo)
que se muge por las selvas;
la llevo a modo de perla
que finje siempre un poco.
mz

miércoles, 20 de mayo de 2009

Mamúes + Muy Dipalma

Volvemos los Mamúes, esta vez acompañando a los Muy Dipalma, ¿qué me contás?

martes, 14 de abril de 2009

Cartonero

La cara también de cartón
sucia, desfasada;
camino de resaca
desde "nunca" hacia "nada".

Hasta la cara descalza
con mugre y arruga,
estirpe de meo en la calle,
colchones viejos,
el cartonero.

Bebe vino como si bebiera de la zanja,
come estambres y las tuercas oxidadas.

Sus hijos son semen
sobre el cuerpo sin vida de un perro callejero
ahora hangar de las moscas.

Un corazón de camión de basura zumbando,
el cartonero.

¿Quién cartonea al cartonero?
Su cadáver
también puede viajar
en carros cualquiera
pestilente
sucia cosa
mendigando un consuelo
que pueda reciclarse.
mz

martes, 31 de marzo de 2009

Prótasis, prostasis, profeso

Apretado hasta en las mismas letras que no se abren
Deficiente, no, evitado de relax y teléfonos con cables de las venas

Tendrían que empezar a de

Calendas
Crío de riñas
Propios píos
Esfínteres, espinos
Prostasis estandarte
Mugido aíslo, trasmar

crío del crimen
cadáver diádico anestesiado
parangón, solado de sangre
tiernos gorgoteos
cetrinos
se le enervan
mz

lunes, 16 de febrero de 2009

La ciudad diferida

A veces me mesmerizo, me disterio, por más que no sepa qué significa eso, qué es lo que significan, esos vocablos vomitados. Serían como el pus dentro del grano, la pulpa podrida dentro de la fruta podrida. Sería los dientes sucios dentro de la boca que mastica polvo. Sería la imagen de Jesus ahogándose en un vaso de bebida efervescente. El hígado corazón.

Es que en estos tiempos, dentro de estas palabras, uno puede encontrarse caminando por cualquier lado, por todas partes, ser llevado de los pelos o de los brazos o de los labios por unas calles minúsculas, en donde la calle ya no es calle. La puerta de una casa se abre: un olor nauseabundo. Se abre y ya estamos en la casa de enfrente, lo que era antes la casa de enfrente (porque ahora está justo al lado, pegada). Gracias a este fenómeno es posible recorrer toda la ciudad por dentro de las casas, transitando a través de puertas que han sido dejadas abiertas, sin llave. Atravesando jardines, patios, saltando rejas, colándose por ventanas. Porque no hay calles, ya no las hay. Pero así también ya no hay otra cosa que ciudad, que casas, vecindades. Ya no se puede salir (¿y a dónde?), lo intenté demasiadas veces, colándome, escurriéndome, haciendo paradas en algunas casas para alimentarme, dormir (si eso que hice fue dormir, si recostarse en algún lado y cerrar los ojos es dormir, si soñar es pensar en uno como una botella leche en una heladera vieja), y seguir. El asombro transforma todo en sueño, y el sueño envuelve todo como una gran droga, un somnífero extraño, que llena todo el presente de futuro y pasado, más de la cuenta. Es como sentarse en un bote en la bahía y ver pasar en uno u otro sentido barcos de gran calado.

Pero no hay más barcos, porque no hay ríos, mares, lagos. Grandes sectores de la ciudad se encuentran deshabitados. Y en verdad, no sé cuáles de ellos no se encuentran así, es decir, en cuáles hay alguien, porque ahora que me doy cuenta, no recuerdo haber visto a nadie (aunque hasta hace un momento hubiera jurado que sí). No lo había pensado. Y no tengo ganas de seguir, porque tengo miedo de darme cuenta de que nunca he visto a nadie, y que por eso me mesmerizo, me disterio.
mz

martes, 25 de noviembre de 2008

Se embolsa

Voy a congestionar tu posición bucal
a través de diversos
o muy pocos
medios que ahora no poseo.

Se desdibujan las pequeñas voluntades perlas,
ensimismadas.

Todo es cerrostro.

Se me entrehiela el ánimo,
metido solo, sulfurado,
en bolsa de arpillera
rumbo a ser abandonada.

Así en esa bolsa
pateando,
pateado, embarrado,
sorteando mofas,
lloriqueando,

de noche
como a punto de nacer
- es decir,
con el absoluto más miedo -
en una oscura zona portuaria
recién alimentada de lluvia,
su asfalto multiplicando luces.

La bolsa se va deshilachando
Y yo adentro también

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Se embolsa hacia dentro
tan ridículo o elegante.
Da lo mismo, si total
fructífero de miedo
lo reciben los días
que no lo suspiran.

Más bien ocurre que
individuos cualquiera
le abren una herida
para que le llegue bien adentro
su mugre más inmunda,
que es lo que más les sobra.

Entonces escuchando esas risas de automóvil
no puede más que hundirse
hacia el fondo de su propio llanto
y esperar que el infierno
no sea poco cálido para ellos.
mz

martes, 5 de agosto de 2008

Serpentino

Hastío de los propios huesos
con los dolores en las falanges calientes
que duelen la misma alma misma:
que se duelen.
Todo en mí es un descolorido duelo.

Ahora, entrochocándome
con los bailarines robotos
que aburren sus años,
que descoloran a su vez sus caras,
que apagan cualquier música
con sus propios chirríos,
que se mueren de pie todos los días
y se acorbatan día por medio
y que no se refrescan ni por las noches
en sus inmerecidas inmersiones de sueño
de las que vuelven secos,
pegajosos,
sin los ojos revueltos,
aún del todo impuros.

Entonces
adónde ir esquimal y perecer
desnudo, bañado en grasa animal
y soplando cuernos de gran trueno
que despierten días aún no nacidos;
adónde pisotear lejanas tierras rojas
y rugir el pecho entero;
adónde sudar hasta extenuar el quejido mismo
que, al salir estallando,
empuja con él óxidos y legañas,
clandestinos sulfuros
y cadáveres.

Porque ahí
las muletas quedarán disueltas
destinadas a oscuros rituales
de la tierra, entonces
nada sería "no"; la sequía
en su palacio de esqueleto
sería desafiada por la saliva
que tierna brota caliente
- tibia, mejor dicho, agradable
sin enfriarse nunca.

Es eso,
esa saliva
que implica corazón, regazo,
madre, ubre, salvia,
beso,

que nos envuelve una vez más
por suerte,
que nos pasea por espacios de espuma madre,
que nos explica la manera de estirarnos
niño adentro hasta más allá del horizonte
sin llegar nunca a puerto,

y a la vez hacia afuera,
rozando esos muros exteriores
de caras ripias con su mueca de finprincipio,
hasta abarcarlo todo:
con nuestros ojos y con los espacios
dentro de los ojos
que también miran y respiran
y exhalan cosmo,

y con las paredes
de detrás de los ojos, y lo mismo
ocurre con el tacto que ahora es una piel
en intrépida elongación perfecta
siempre dispuesta a acariciar cada cosa,
acariciarse, hasta suspirar y desfallecer
fruto de un primoridial gozo;

y otro tanto ocurre con el oído
dentro del cual
retrovibra serpentino
el nervio de la danza
que contagia su calma sempiterna
de caverna ciega donde suaves bañistas
se internan intemporales en las ollas
oscuras y nútridas
de agua que emana con dulce arrullo,
con voz de simple labio
y la mirada vidriosa de humo.
mz